¿Qué es la soledad no deseada?

Según un estudio sobre la percepción de la Soledad del Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada (Fundación ONCE), en España, 7 de cada 10 personas conoce o cree conocer a alguien que pueda sufrirla y un 13,4% la sufre directamente (afectando más a mujeres que a hombres). Es un problema silencioso que afecta cada vez a más personas.

Algunos factores que favorecen la soledad están relacionados con una migración forzada, la brecha digital, las barreras arquitectónicas, la precariedad económica, la desaparición de los espacios públicos y un modelo urbanístico excluyente, el cambio de valores e individualismo, los cambios en los modos de convivencia, entre otras. Citar que hay etapas vitales muy relacionadas con esto (como pueda ser la maternidad, una separación, asistir a un nuevo centro formativo, un cambio de trabajo u otras muchas circunstancias del día a día).

Ni todas las personas que viven solas se siente solas (ya que hay una soledad que se elige y se disfruta) ni todas las personas que viven acompañadas o tienen personas a su alrededor, se sienten completas.

La soledad no deseada es una experiencia subjetiva entre la calidad y cantidad de relaciones que tiene uno/a mismo/a; es una experiencia dolorosa debido a esa ausencia de relaciones sociales o de sentimiento de pertenencia y, he de decir que es un fenómeno natural y que está presente en todos los ciclos vitales, es decir, puede afectar a cualquiera de nosotros/as (independientemente de la edad, el género u otra característica). Esto es importante ya que la soledad está muy estigmatizada.

La soledad limita el acceso de la participación en la sociedad, tiene consecuencias negativas para la salud y el bienestar y en consecuencia conlleva unos costes sociales y económicos muy importantes. La soledad constituye un factor de riesgo para la salud mental, para la depresión y otras patologías. También entraña riesgos para la salud física, favoreciendo, por ejemplo, la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares.

El primer paso que debemos hacer es el de comprender la soledad. Saber qué es, reflexionar si nos hemos sentido solos/as alguna vez, ampliar la mirada para detectar si personas de nuestro alrededor (familiares, vecinos/as…) pueden estar sintiéndose así.

Después, podemos identificar qué puede hacer uno/a mismo/a para conocer gente (ej, apuntarse a actividades que nos ayuden a ampliar nuestras redes). También es importante pedir ayuda a nivel psicológico para que un profesional de la salud nos pueda orientar. Y también muy importante, poner nuestro granito de arena para que otras personas que estén pasando por la misma situación, puedan también salir de ahí. En definitiva, ir creando redes de apoyo e ir “haciendo comunidad”.

Y, como consejos más generales, fomentar el apoyo mutuo, la solidaridad entre generaciones, unos servicios públicos de proximidad, que haya mayor accesibilidad, unas redes vecinales activas y tiempos de trabajo sostenibles con la vida para así actuar desde la comunidad.

¿Crees que es posible que podamos sostener a otros/as?

Si te interesa el tema, existen varios estudios relacionados en este tema y que puedes consultar en SoledadES (Fundación Once) y en Proyecto CRECE (Cruz Roja).

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