La reinserción en hombres maltratadores

¿Los hombres maltradadores pueden ser buenos padres, buenos hijos, buenos hermanos…?, ¿un hombre maltratador se arrepiente tras ejercer su violencia?, ¿puede un hombre maltratador ser un buen profesional en su trabajo? y, la pregunta estrella, ¿puede un hombre maltradador dejar de serlo?

Según cita Clara Serra en su último podcast de “Los hombres de verdad tienen curvas” (de La Casa Encendida Radio) junto a Oriol Ginés, el texto “Crimen y tragedia” de Santiago Albarrico, se da una distinción que es necesaria para pensar en el mal como estructura.

¿Un marido machista y asesino sufre también?

Si respondemos que no sufre, se trata el machismo como un hecho delictivo que perseguir penalmente, es decir, no se asocia a un mal estructural sino a un comportamiento puntual. Si respondemos que sí sufre, habrá que reflexionar sobre el concepto de sufrimiento. Cuando pensamos en el sufrimiento nos representamos a una víctima (que solemos asociar a la inocencia y a la justicia). Imaginamos que el sufrimiento nos vuelve puros, nobles… y se nos olvida que puede haber sufrimientos, cuya intensidad abismal es indisociable de la injusticia es decir, existen sufrimientos injustos que producen víctimas.

La violencia de género es estructural ya que se refiere a “situaciones en las que se producen daños a necesidades humanas básicas como la supervivencia, la libertad, el bienestar o la identidad, en las que generalmente hay un grupo privilegiado y otro vulnerado, normalmente caracterizados en términos de clase, raza o género”, en este caso, violencia ejercida del hombre a la mujer por el hecho de serlo.

En los últimos años, la intervención más habitual relacionada con la violencia de género se ha centrado en la víctima: educación en la prevención para detectar conductas violentas en posibles parejas con hombres; empoderamiento para que la mujer tenga las herramientas para salir de una situación de maltrato; protección cuando se ha dado un caso de violencia machista (recursos residenciales, recursos psicológicos, orientaciones jurídicas, orientaciones laborales y procesos de recuperación…) y mucho trabajo de sensibilización para desmontar los mitos del amor romántico y quitar las ideas de las niñas/adolescentes de que deben buscar a su príncipe azul y aguantar a su lado porque “el amor todo lo puede”. Este trabajo es imprescindible y necesario y todos los recursos que se destinen al trabajo con mujeres es imprescindible. De hecho, llevo casi 9 años siendo Trabajadora Social en la atención al colectivo de mujer (realizando talleres grupales, entregas de Atenpro, campañas de sensibilización, etc).

¿Acaso la violencia de género es solo cosa de mujeres? ¿con los hombres no hay que intervenir para que sepan detectar alguna posible conducta machista de la que no sean conscientes? y ¿con el hombre maltratador?

La educación es la base principal de esta tragedia y, sobre todo, empezar en la infancia:

  • Visibilizando que la problemática no es puntual y no es casual que siempre sea de hombres a mujeres.
  • Explicando y dialogando sobre casos de maltrato de mujeres a hombres y casos de denuncias falsas de mujeres porque las mujeres también tenemos derecho a tener malos comportamientos. El sistema patriarcal nos ha mostrado que si eres víctima, debes ser buena y si no lo eres, no puedes ser víctima. El engaño y la mentira han sido las características que los discursos misóginos han relacionado siempre con las mujeres y, en un mundo machista, no es casual que los delitos que denuncian las mujeres generen la sospecha de ser mentira. La respuesta feminista no es que las mujeres no mienten nunca, sino que tienen el mismo derecho de hacerlo que los hombres. La única manera de tratar con justifica a las víctimas es protegernas de las injusticias sin exigirles como condición que demuestren su bondad.
  • Sensibilizando a chicas adolescentes (para que sepan detectar conductas machistas en posibles relaciones con hombres) y a chicos adolescentes (para que sepan detectar conductas machistas que puedan estar ejerciendo sin ser conscientes de ello). Que ambos aprendan a tener relaciones saludables.
  • Ampliando la red de recursos de atención integral hacia la mujer víctima de violencia de género para que se recupere y para que, si quiere tener otras relaciones, sepa detectar posibles comportamientos de maltrato para que no le vuelva a pasar (no es puntual el que muchas mujeres repitan relaciones dependientes y tóxicas).
  • Trabajando el acoso callejero y posible acoso sexual. En muchas ocasiones, el alcohol en agresores hombres es un atenuante y quita responsabilización. Sin embargo, cuando la mujer es la que bebe, parece que la responsabilidad de lo que nos pueda pasar es nuestra. Si el alcohol le lleva a un hombre a agredir hay que hacerle ver que hay un problema detrás. Es una realidad sexista el que algunos hombres ocupen el espacio público y se apropien de él, dando por consideración que pueden hacer lo que consideren. Esto define una clara diferencia de poder entre género y legitima a los hombres a poder ocupar ese espacio e incluso a agredir.
  • Enseñando que no todos los hombres son iguales, si no, tendríamos un serio problema. Solo hay que entender que los hombres se han educado en el mismo sistema patriarcal y también son víctimas de él: cuando se espera de ellos que tengan trabajo y éxito, cuando se les impide mostrar sus sentimientos…
  • Mostrando nuevas masculinidades a las que poder agarrarse donde se da la corresponsabilidad e igualdad; donde se naturalizan comportamientos de hombres que se cuidan y también cuidan de sus iguales, se responsabilizan de sus actos y son feministas porque quieren que exista igualdad entre hombres y mujeres.
  • Interviniendo con hombres maltratadores para saber por qué actúan así (muchos hombres repiten patrones de lo que han vivido en la niñez donde su padre ejerció violencia hacia su madre) y darles la oportunidad de que puedan recuperarse.

A raíz del debate de esta mañana en redes sociales sobre este tema, la mayoría de respuestas se han centrado en que se deberían aumentar los castigos hacia los hombres; quitarles derechos, etc. ¿Acaso un hombre maltratador va a dejar de serlo porque sea conocedor de que la pena que le puede caer es mayor? está comprobado que una persona que delinque, no reflexiona sobre sus consecuencias por lo que tratar este problema de esta forma tan banal es no entrar en la estructura para intentar cambiarla. Un hombre maltratador al que no se le intenta reinsertar, acaba teniendo multitud de relaciones sentimentales donde continúa maltratando a las diferentes mujeres. Trabajar solo el empoderamiento de ellas es dejar el trabajo a medias ya que no se puede impedir que un hombre siga teniendo relaciones y siempre acabará dando con una mujer que aún desconoce esos comportamientos que indican la toxicidad de la relación y, por ende, se volverá a replicar la situación de maltrato con una nueva mujer. Además, no trabajar con ellos es quitarles responsabilidad y acabar ejerciendo paternalismo sobre ellos.

La masculinidad hegemónica viene del supuesto “orgullo masculino”. Este orgullo lleva a no aceptar ciertas equivocaciones ya que se sienten incapacitados para rectificar. La responsabilización es compleja. Por un lado, es aceptar y reconocer los hechos que se han podido llevar a cabo sin justificaciones (empatía). Por otro lado es entender el por qué se ha llegado a esa conducta y buscar acciones de cambio para evitar la reincidencia. Hay que dejar de lado esa impunidad que legitima las violencias hacia las mujeres. Muchas intervenciones no han funcionado (igual que también pueden fallar intervenciones con mujeres). Quizá hay que replantearnos si se está dando un buen enfoque a ellas. Centrarnos en la culpabilidad del maltratador provoca que se sienta atacado y actúe a la defensiva sin responsabilizarse de sus actos.

Ni qué decir tiene que habrá casos de hombres maltratadores psicópatas con los que no conseguiremos ningún tipo de cambio.

Y como dice Clara Serra, si el feminismo quiere desactivar la estructura debe ocuparse también de los machistas.

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