La tripe invisibilidad: mujeres sin hogar y violencia de género

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Existe una triple invisibilidad en el colectivo de mujeres, sin hogar y víctimas de violencia de género. La violencia de género anula a la persona y la hace vulnerable. Si a esto le añades ser una persona que ya se encuentra en exclusión social como las mujeres sin hogar, esto desembocará en una situación alarmante.

Las personas sin hogar están expuestas a un nivel de violencia superior que el resto de personas. El medio en el que sobreviven es muy hostil y se encuentran en una continua exposición a las agresiones. El dolor de los malos tratos y abusos sexuales queda relativizado y ridiculizado en medio de la maraña de agresiones y pérdidas que rodean a sus vidas.

Además, muchas mujeres sin hogar sufren violencia por ser mujer, han sufrido malos tratos en la calle por la sociedad y la sufrió probablemente por gente de su familia. Estos acontecimientos son sucesos vitales estresantes que marcan a la mujer, desde la vulnerabilidad, en su estructura personal y relacional más básica, que han contribuido a su actual situación de desafiliación.

La realidad de las personas sin hogar es compleja y multicausal. El contexto familiar de estas mujeres y los malos tratos sufridos han aportado una vulnerabilidad personal y relacional que ha marcado su vida. En general, para las mujeres de este colectivo, el maltrato será un elemento que realimentará su situación de vulnerabilidad, desconfianza, desvalorización y aislamiento. Esto contribuirá a que la mujer sin hogar tenga cada vez menos fuerzas para iniciar un camino de mejora.

“Ante las atrocidades tenemos que tomar partido. La posición neutral ayuda siempre al opresor, nunca a la víctima. El silencio estimula al verdugo, nunca al que sufre”.

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