Los delitos de odio en las personas sin hogar

Como os comentaba por las redes sociales, esta mañana he recibido una llamada al trabajo de un banco en el que me pedían que, como Responsable que soy de un Proyecto de Personas sin hogar, me encargase de ir a “quitar” de su sucursal a una persona sin hogar.

PSH

El sentimiento que he tenido en un primer momento ha sido de sorpresa. He preguntado de nuevo el motivo de su llamada ya que prefería pensar que no hay nadie tan insensible y podría no haberlo entendido bien. Confirmando mi hipótesis, claramente solicitaba que recogiéramos lo que consideran un estorbo. Mi sentimiendo ha mutado a enfado por considerar que en la entidad donde trabajo hacemos ese tipo de cosas.

La preocupación de esa señora, carente de empatía, era que esa “bolsa de basura” molestaba porque dejaba mal olor al dormir ahí dentro toda la noche. Cuando los pobres banqueros entran a trabajar, no pueden soportarlo.

Yo, que sí intento empatizar con todo tipo de personas (incluso con estas), puedo entender que sea una “”carga”” para ese Banco y hubiese entendido incluso esa llamada si la forma de expresar su problema hubiese sido otra. En ningún momento ha estado interesada en saber los recursos que existen en la ciudad para que no haya personas que, desgraciadamente, tengan una vida tan miserable que deban dormir en la calle. Le he tenido que explicar que apenas hay recursos para el colectivo; por si era de su interés. Y que, el que haya elegido su banco no es otro motivo que el de refugiarse en algún lugar donde pueda pasar una noche lo más “cálida posible”; ni más ni menos.

Su siguiente queja era que, si los/as Trabajadores/as Sociales le llevamos comida y conversación, se quedará ahí con más razón. He estado a punto de preguntarle si cree que la solución es matarlo de hambre pero supongo que, mi silencio, lo ha dejado entrever.

Muy indignada ha referido que, ni la Policia, ni los Servicios Sociales habían ido a echarlo; claro está, porque no hay ningún lugar donde llevarlo. Eso sí, podemos informarle de los 15 días donde puede dormir para, trascurrido ese tiempo, volver a ese u otro Banco donde no le echen a patadas. Nadie reclama los pocos recursos que existen para el colectivo; lo ridículo que es dejarle dormir 15 días en un albergue o que los fines de semana no haya ningún comedor social abierto. A nadie le preocupa porque el problema les queda bien lejos y, con suerte, no tendrán nunca que tratar con ninguna persona sin hogar.

Me ha pedido sutilmente que lo recojamos para acompañarlo a que se duche y que, cuando termine, lo dejemos en otro lugar. Quizá molestaría menos en un parque a las afueras de la ciudad donde no haya casas, no haya bancos ni haya nadie a quién molestar; que esté a la vista de cualquier desalmado y sea otra víctima más de delitos de odio porque, aunque apenas se hable de esto, agreden muy a menudo a personas sin hogar.

Este tema no es nuevo ni es la primera vez que recibo este tipo de llamadas. He visto en varios parques de la ciudad en la que vivo como los vecinos se quejaban por tener a personas sin hogar en ellos y la Policía acudía en ocasiones a echarlos del lugar como si no supieran que el problema no se soluciona así. Echarlos de ese parque sin darles un alojamiento es decirles que se vayan a otro parque a molestar a otros porque, aunque a muchos les gustaría, una persona sí puede ser invisible pero no puede desaparecer.

Ante su poca delicadeza por tratar este tema, y con la Educación que a mi sí me han dado, me he disculpado por no poder ayudarla en su problema y le he deseado que le vaya muy bien en la vida y que nunca se tope con gente como ella.

Y, para concluir, citar que este banco del que hablo colabora con diversas entidades en proyectos sociales. De hecho, yo misma he llegado a tener Financiación de ellos para el proyecto de personas sin hogar. Quizá, podrían destinar ese dinero a formar y sensibilizar a su plantilla.

Foto: yandex

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