Por qué desarrollar el humor en el Trabajo Social

Mi compañera y yo que llevamos varios años al frente de la Atención Primaria de una ONG, en una ciudad grande y habiendo vivido historias de todo tipo, hemos sabido desarrollar un tipo de humor que nos ayuda en nuestro día a día.

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El humor, según el último anuncio de Campofrío, es un bien de primera necesidad. No sólo es divertido; hace bien. En el trabajo, el humor nos puede dar lecciones serias sobre cómo manejar el conflicto, subir la moral y quitarle “hierro al asunto”. La risa es una potente herramienta curativa. Una buena carcajada fortalece el sistema inmunológico del cuerpo y reduce las hormonas que pueden causar tensiones.

Freud decía que el humor es el mayor mecanismo de defensa del ser humano; un instrumento que permite equilibrar las emociones y elaborar las frustraciones. El humor, en el Trabajo Social, debería ser una asignatura obligatoria ya que sobrellevar nuestro día a día no puede hacerse de otra forma.

El humor se caracteriza por su trasgresión en el sentido de que nos obliga a crear una interpretación distinta de las cosas; refiere a la capacidad de ver los contrastes, los sinsentidos. El humor permite romper las reglas, escaparse por un momento del orden establecido.

Lo importante es que en general el humor nos permite darle la vuelta a las situaciones, reírnos de las tristezas y las injusticias y así superarlas más fácilmente. Nos protege de todo lo que nos deshumaniza o nos niega la alegría de vivir y fomenta una actitud positiva frente a la vida.

El humor no sólo es divertido sino que lleva al éxito en la vida.

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