¿Qué es la violencia silente?

La violencia silente es aquella que se desarrolla sin ruido sintomático como, por ejemplo, la violencia psicológica. Este maltrato no se acompaña con palizas. Estos son algunos de los aspectos que os pueden ayudar a detectar una situación de violencia de género.

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La persona que está sufriendo violencia psicológica está en una incertidumbre continua ya que los maltratadores utilizan un reforzamiento intermitente. En los momentos álgidos se experimenta de forma intensa una gran unión y reciprocidad en la pareja pero de repente se dan episodios de distanciamiento afectivo sin motivos de peso para que ocurran. De esta forma, no logras comprender qué criterios existen para que se pase de la unión a la distancia ya que tu actitud no determina si el otro va a estar allí o se va a alejar. Su cambio de actitud respecto a ti es impredecible, no existen patrones estables en sus idas y venidas; pasas de la euforia a una gran frustración, incomprensión y tristeza. El refuerzo intermitente, explicado en pocas palabras, es el “tira y afloja”, la alternancia entre las situaciones agradables y desagradables. Esto puede causar dependencia emocional y adicción hacia la persona que nos sorprende a veces con su buen comportamiento, pero que otras veces, nos niega su afecto, su atención o su aprobación.

La exposición continua de violencia psicológica provoca una modificación de respuestas aprendidas que podrían disminuir la intensidad del maltrato a través de diversas estrategias de afrontamiento tales como complacer al agresor, hacer lo que él quiere, mantenerlo calmado, etc. Cuando las mujeres víctimas de violencia de género sufren indefensión aprendida, elegirán en una situación conocida o familiar, aquellas conductas que produzcan un efecto más predecible y evitarán comportamientos que les implique un efecto menos predecible, tales como respuestas de escape o huida.

Resaltar las “indulgencias ocasionales”ya que constituyen una de las principales razones por las cuales las víctimas se sienten confundidas y depositan sobre ellas mismas la responsabilidad del abuso. Por ejemplo, si tu pareja a veces se muestra complaciente, la víctima interpreta tal conducta como un indicador de cambio. Ella se esforzará por lograr la permanencia del mismo. Sin embargo, es una creencia errónea de la víctima ya que su cambio personal no hará que cese la conducta violenta de la otra persona. En la medida que el abuso se manifieste intermitentemente con indulgencias, las víctimas se desgastarán y culparán por no hacer lo suficiente.

Cuando existe violencia psicológica también se da una distorsión de la realidad subjetiva en el que se transforma la percepción de la realidad, el juicio, conciencia y memoria de la víctima (por ejemplo, niega la credibilidad a las observaciones de ella, tergiversa una conversación, la elogia y humilla alternativamente, manipula su estado físico como puede ser el sueño, mantiene una imagen social opuesta a la que tiene en privado, le realiza regalos sorpresa, etc.)

Por último, otro de los aspectos importantes sobre la violencia psicológica es la sobrecarga de responsabilidad de la mujer. Por ejemplo, se le exige que se haga cargo por completo de los problemas y responsabilidad que deberían ser compartidas como las familiares.

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