Mi primer día en prisión

Hoy he pasado la tarde en prisión. Cruz Roja desarrolla un proyecto de Medio Ambiente en una prisión alicantina. Una vez por semana un grupo de [email protected] acuden al Módulo de personas con enfermedad mental para llevar a cabo tareas medioambientales.

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Mi primera experiencia en prisión

Al llegar, un par de reclusos nos han enseñado el patio en el que pasan la mayor parte del tiempo. Parecía el patio de un colegio por las pinturas en las paredes y por la cantidad de frutas y verduras que se dejaban ver en el huerto. Parecía un colegio hasta que ves las alambreras para que no haya ninguna fuga.

Nos han abierto su casa, nos han recibido con los brazos abiertos y hasta nos han amenizado la tarde con una guitarra. No sólo hemos acudido a la cárcel a desempeñar tares medio ambientales. Nuestra misión ha sido escucharles, charlar con ellos, reírnos y pasar un agradable momento. Eso sí, agradable para nosotras que nos hemos ido un par de horas después. A las 18:00 horas han sido llamados por megafonía ya que era la hora de cenar. Una vez que anochece no quieren a nadie en el patio. Todos deben cenar y meterse en su celda. En torno a las 21:00 de la noche se acabó su día. A la mañana siguiente, a las 07:00 de la mañana, vuelta a empezar.

En el módulo de personas con enfermedad mental tienen todo el día libre. Pueden acudir a los talleres que les ofrece la cárcel, o no acudir. La cárcel de los “pobres” no es igual que la de los “ricos”. Bárcenas está en una prisión de lujo en la que puede ver la televisión desde su habitación. Además, puede permitirse un buen abogado que le haga una buena defensa. Sin embargo, en Fontcalent no tiene la misma suerte. Los pobres se conforman con un abogado de oficio que, “aunque alguno que otro sale bueno”, no se vuelcan en su caso en cuerpo y alma.

En Fontcalent hay reclusos de 90 años. Desconozco el peligro que pueden tener pero, por sentido común, considero que deberían poder morir tranquilos en su casa.

Sin duda, ha sido una bonita experiencia y una manera de conocer lo reconfortante que tiene que ser el Trabajo Social en una prisión.

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